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lunes, 14 de julio de 2014

Mujeres y Feministas (VII). Monique Wittig

Monique Wittig: Golpear con las palabras

"Las mujeres, aunque extremadamente visibles como seres sexuales, permanecen invisibles como seres sociales".


Hace 79 años, un 13 de julio de 1935, nacía en Dannemarie, Alto Rin, la escritora francesa Monique Wittig, quien se caracterizó por oponerse a las categorías de género y construir una trayectoria literaria basada en obras de perfil femenino que la llevó a considerarse a sí misma como una "autora lesbiana"

Tras cursar sus estudios en la Universidad de París, esta autora, que llegó a traducir la obra de Herbert Marcurse al francés, comenzó a ganarse la vida como empleada de la Biblioteca Nacional de la capital francesa y en una editorial.

Tiempo después, colaboró con Simone de Beuavoir y la economista socialista Christine Delphy en la revista Questions feministes. En 1976 fijó su residencia en Arizona, Estados Unidos, donde se dedicó a la enseñanza universitaria. Fue una de las escritoras clave en el contexto de las teorías y las prácticas ligadas a la liberación de las mujeres. Su obra de ficción, sus ensayos y sus declaraciones públicas insisten, además, en la importancia de un cuestionamiento del tema de los géneros.

Partiendo de su experiencia lesbiana, afirmaba la necesidad de salir del esquema hombre-mujer fijado por la cultura heterosexual. En un intento por superar la determinación biológica y por abarcar la condición humana más allá de lo puramente sexual -entendido como una reducción de la diversidad-, Monique Wittig tampoco aceptaba la noción de una "escritura femenina". 

Apelar a la imagen de una diva que se baja del escenario nos permite pensarla como alguien que brilló por mérito propio, y que sigue brillando cuando la recordamos. El brillo de las obras de Monique Wittig sigue aún hoy aportando, insinuando, dejando a más de uno y una boquiabierto y boquiabierta como si escuchara un aria en la voz de una Callas, una Caballé o la que prefieran. Su actuación fue de barricada, cuando en la recordada década de los 70 del siglo pasado su adhesión al feminismo la llevó a subvertir, desde su hacer como escritora, los estándares de la época, y de las que siguieron.

Con menos de treinta años, publicó El opopónax en 1964, su primera novela, que le granjeó la admiración de Marguerite Duras, que la calificó de "obra asombrosa". Le siguieron Las guerrilleras (1969) y su obra más importante y más leída en aulas universitarias y por lectores y lectoras de diversa formación cultural: El cuerpo lesbiano (1973). El valor de esta obra reside no sólo en su base ideológica sino en la riqueza de su prosa poética. Escribió, además, Diccionario de las amantes (1975), Virgile, non (1985), ensayos críticos, cuentos y piezas teatrales. Una de ellas, Le voyage sans fin (1985), es una reelaboración del Quijote de Cervantes en la que el caballero y el escudero son sustituidos por dos mujeres. 

A comienzo de los años 80, esta autora transformaría el ámbito feminista con la publicación de El pensamiento heterosexual, una obra en la cual Wittig presenta a la heterosexualidad como un régimen político y se enfrenta a la corriente del feminismo convencional por considerar que ésta promueve la identificación con la mujer por sobre otras cuestiones planteadas por las lesbianas, llegando a afirmar que "las lesbianas no son mujeres". Por sus características, este libro no sólo se convirtió en un clásico sino que también sentó una de las bases de la Teoría Queer. Esta línea de pensamiento sostiene que tanto la orientación como la identidad sexual o género de los seres humanos son consecuencia de una construcción social, es decir, no existen roles sexuales esenciales dentro de la naturaleza humana.

"¿Qué es la mujer? Pánico, zafarrancho general de la defensa activa. Francamente es un problema que no tienen las lesbianas, por un cambio de perspectiva, y sería impropio decir que las lesbianas viven, se asocian, hacen el amor con mujeres porque no tiene sentido más que en los sistemas heterosexuales de pensamiento y en los sistemas económicos heterosexuales. Las lesbianas no son mujeres".
Por su primera novela, El opopónax, obtuvo un premio (Premio Médicis) por lo experimental y rupturista de su escritura. De seguro que esos calificativos no la abandonarían nunca más. En todo caso, los premios no tendrían la forma convencional, sino la de poder seguir influyendo en futuras generaciones de lectores y lectoras ávidas, de activistas inquietas, en la deconstrucción de los conceptos que se dan por establecidos e inamovibles en nuestra sociedad. Integrante del grupo que fundó el Movimiento de Liberación de la Mujer en la Francia post Mayo del '68, recordada por haber acuñado el "materialismo lesbiano" como una forma de análisis político más allá del capitalismo y el patriarcado opresores, Monique Wittig multiplicó la teoría que fue acuñando a lo largo de los años con su práctica activa y su creación artística.

Como protagonista intelectual y política de su época, Wittig aportó las ideas que ella misma puso en práctica en su campo de trabajo y activismo. Extralimitando los géneros discursivos, incidiendo y mostrando las huellas e incisiones que el lenguaje debía sufrir para que la parte de la humanidad que había quedado afuera de ese mecanismo de signos y significados, las mujeres, dejara de estar agazapada y de una vez por todas asaltara los grandes muros de piedra del lenguaje y acometiera la tarea de nombrar y nombrarse. Y si bien sus obras principales las escribió en francés, las traducciones a otros idiomas, como el castellano, intentaron trasladar las intervenciones con las que sacudió las certezas y lo ya dado.

Desde sus textos narrativos y poéticos, a sus ensayos político-filosóficos, pasando por guiones teatrales y cinematográficos, Wittig intentó y logró, muchas veces, salirse de las reglas que aprisionan y acomodan. Reglas en la historia, en la economía, en la lengua. Sus múltiples intentos de perforar los cimientos de esas férreas estructuras que oprimieron a mujeres y varones durante siglos, dejó en claro que no hay una sola forma de acometer esa tarea. Partiendo de Marx y Engels, a de Beauvoir, desde las bucólicas andanzas de amazonas sin tiempo, al sexo explícito y carnal de mujeres que aman a otras mujeres, Wittig no buscó solamente acuñar frases e imágenes impactantes.

"Toda obra literaria importante es, en el momento de su producción, como el caballo de Troya. Toda obra con una nueva forma funciona como una máquina de guerra, pues su intención y su objetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales. Una obra así se produce siempre en territorio hostil. Y cuanto más aparece este caballo como inconformista, inasimilable, más tiempo necesita para llegar a ser aceptado". El caballo de Troya incluido en El Pensamiento Heterosexual y otros ensayos, que tradujeron Javier Sanz y Paco Vidarte para la Editorial Egales de España en 2006, es en sí mismo un texto de teoría literaria, y también de política. La estrategia guerrera de la antigua Grecia le sirve a la autora para apartarse tanto de la literatura comprometida, como de la femenina: "Como escritora, habré logrado mi objetivo cuando cada una de mis palabras tenga el mismo efecto sobre el lector, la misma sorpresa que cuando las leyó por primera vez. Es lo que yo llamo golpear con las palabras".

La muerte le sorpredió a Monique Wittig en Arizona, un 2 de enero de 2003, a la edad de 67 años. 




Artículos de Monique Wittig: "La Marca del Género".


FUENTES: Poemas del Alma; Compartelibros; Wikipedia; Biografías La Ciudad de las Diosas, Mujerpalabra.net

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