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lunes, 19 de enero de 2015

Dolores Juliano, referencia en el ámbito feminista

"Se nos olvida que hay sectores de mujeres con necesidades y problemas específicos".

Dolores Juliano es una referencia en el ámbito feminista. Doctora en Filosofía y Letras, Licenciada en Antropología con especialización en Pedagogía. Hasta su jubilación alternó sus múltiples publicaciones e investigaciones con la docencia en la Universidad de Barcelona, donde fue profesora titular. Visita Bilbao con motivo del 15 aniversario de la organización Mujeres del Mundo Babel. En su ponencia Feminismo: un diálogo en construcción habla de las dificultades del feminismo para relacionarse con la diversidad, cuestión que, según ella, se debe a la voluntad universalizadora del movimiento pese a su carácter cuestionador.

Para comenzar ¿Feminismo o feminismos?

Si decimos Feminismo en singular tendremos que aceptar que es un movimiento de una gran complejidad interna. Para evitar la homogeneidad y la uniformidad es mejor usar feminismos, que implica la posibilidad de pequeñas divergencias, acuerdos parciales, puntos de vista desde distintas posiciones y que resalta la idea de la complejidad. Yo creo que es más claro hablar de feminismos.

Si hacemos un repaso de la última década... ¿Dónde han quedado temas como la exclusión o el empobrecimiento dentro del movimiento feminista? ¿Crees que hemos sabido jugar en ese campo?

Primero hay que diferenciar dos ideas. La marginalización se refiere a las personas que interactúan dentro de un determinado sistema desde posiciones sin poder, y las excluidas son las personas que pertenecen a un "otros", a un colectivo diferente rotulado como "no perteneciente", por ejemplo, las personas con escasos recursos económicos resultan marginales con respecto a la economía global porque mantienen una función de consumidores pero tienen muchas dificultades para integrarse en el circuito global y, en cambio, puede hablarse de exclusión cuando la gente no se integra. Esta diferencia entre marginalidad y exclusión se puede dar desde el punto de vista social, desde el económico, o el familiar. Sea cual sea la referencia que tomemos, implica la sombra de la imagen positiva del grupo, es decir, aquellas que son el modelo y aquellas a las que ven con desagrado, las marginales del modelo, los excluidos dentro de los cuales se construye la propia unidad. ¿Cómo se maneja entonces el feminismo con estos elementos? El feminismo, o al menos una parte importante de él, opta por trabajar dentro de la estructura del sistema consiguiendo mayores márgenes, mayor poder para pasar de la marginalidad del conjunto de mujeres a estar incluidas en el sistema pero en posiciones muy subalternas, a tener derechos y posiciones mejores. Este movimiento a nivel global se ha dado ya que las mujeres están avanzando, integrándose incluso en puestos de responsabilidad, de toma de decisiones, según el caso. Pero este paso no lo ha dado la totalidad de las mujeres, hay determinados grupos o sectores en los cuales a partir de las desventajas iniciales con las que han jugado, se encuentran en una situación de marginalización o incluso de exclusión. Y estos sectores no siempre son contemplados como prioridades, muchas veces lo que se reivindica es lo que parece necesario y conveniente para el grupo mayoritario, y se nos olvida que hay sectores de mujeres con necesidades y problemas específicos.

¿Esto es a lo que te refieres cuando comentas que el feminismo ha tenido dificultades para dialogar y relacionarse con la diversidad?

Sí, sobre todo para relacionarse desde una posición de paridad, de reconocimiento, de diálogo. Porque la relación con los sectores excluidos dentro de la sociedad global siempre ha existido, pero en términos de proteccionismo, de tutela y asistencia. Se está tratando de construir en el feminismo, algo diferente y necesario, una situación de diálogo en la cual se reconozca que las personas que están con problemas de integración social, marginalización económica, discriminación étnica o cualquier otra cuestión, son personas que se hacen cargo de sus problemas, que desarrollan estrategias para poder superarlos y no necesitan nuestra tutela. Lo que necesitan es nuestro respeto y la comprensión de sus problemas. Y a partir de esto conversar y crear soluciones en conjunto, porque no se necesita que se hable de ellas sino que alguien hable con ellas. 

Supone, en parte, asumir que todas tenemos prejuicios...

Claro. Vivimos en una sociedad prejuiciosa, donde vamos incorporando nuestros prejuicios mientras crecemos, mientras nos desarrollamos, en la convivencia cotidiana o cuando leemos los medios de comunicación, que son estereotipos. Hay personas a las que sistemáticamente se los presenta de determinadas maneras y superar esos prejuicios cuesta, y no es solamente una cuestión de voluntad, es una cuestión de crecimiento interno que debe hacerse mediante el diálogo, el conocimiento y el enriquecimiento que nos da constatar que hay mujeres que viven de manera diferente y que merecen ser escuchadas.

¿Dirías que la emigración, el racismo o el neocolonialismo son temas que están de actualidad dentro de los feminismos?

En algunas corrientes dentro del feminismo estos temas se tocan poco, no son el eje de la atención, para otros sectores, son realmente fundamentales. Lo cual está bien, porque por otra parte, si estamos hablando de diálogos enriquecedores, tenemos que tener en cuenta que es muy difícil hacerlo con muchísimos sectores al mismo tiempo si no hay algunos dentro del feminismo que estén especializados. Hay una necesidad de construir lazos humanos, de profundizar en las relaciones, pero en general yo pienso que si tomamos como un conjunto todo lo que se hace desde distintos movimientos feministas, hay algunos sectores de mujeres que están claramente olvidados. Por ejemplo, hay pocos grupos feministas que estén trabajando con presas, y es una tarea muy necesaria porque es un sector muy vulnerable que necesita apoyo. Igual que ocurre con las prostitutas, que tienen problemas de persecución legal, de multas, discriminación o acoso policial y tienen más facilidad a través de algunas ONG o a través de asociaciones, más o menos asistenciales, que a través del propio movimiento feminista, que tendría que brindarles cierto colchón de protección. Más aún, hay algunos sectores feministas que consideran que el feminismo no debe implicarse en estos problemas, pero esto ya es bastante más grave.

¿Crees que la asociación Mujeres del Mundo Babel es un ejemplo de que convivencia, interculturalidad y feminismo puede ir a una? ¿Incluso un ejemplo para superar la victimización que se les otorga desde algunas instituciones?

Yo creo que ahí se está haciendo un trabajo magnífico en este sentido con mujeres inmigrantes que se dedican a muy diversas tareas, con problemáticas muy distintas, y que vienen prácticamente de todas partes, un trabajo continuado, que no de apoyo puntual, en un ámbito en el que las mujeres se saben reconocidas, aceptadas, respetadas y, por consiguiente, con motivación para participar. Creo que es una experiencia muy bonita, podría ser un ejemplo de lo que llamaríamos buenas prácticas feministas. Y por otra parte muy fructífera porque mantiene grupos que a su vez comienzan recibiendo determinados apoyos y que terminan integrándose y brindando apoyo a su vez y solidaridad, se establece una cadena de relación de cuidados mutuos que es muy significativa. 

"Nadie niega hoy que el feminismo tenga mucho peso, lo que ocurre es que ni es tan conocido, ni es tan reconocido". Una de tus frases.

Claro. El feminismo ha sacudido de una manera muy importante toda la sociedad occidental y ha centrado su objetivo de una manera bastante significativa en cambiar las políticas de las mujeres. Los marcos jurídicos en los que hoy nos movemos son evidentemente muchísimo menos discriminatorios de lo que eran hace algunos años. Y esto no es una casualidad ni es fruto del paso del tiempo, esto es el trabajo duro y cotidiano de las mujeres, una consecuencia de la movilización y la protesta sistemática. Lo que pasa es que, en algunos casos, se mantienen legislaciones que, siendo aparentemente igualitarias para hombres y para mujeres, en la práctica son discriminatorias. El ejemplo más claro es el de la ley de extranjería española cuando facilita la adquisición de papeles a partir de contratos laborales; este requisito se ha hecho pensando en un inmigrante tipo, masculino, que trabajaría en empresas, en la construcción o en la industria, en las cuales los contratos son una práctica habitual. Pero en el caso de las inmigrantes mujeres, el trabajo habitual es en el sector servicios y este sector implica trabajar normalmente con familias, ya sea haciendo limpieza, cuidando ancianos, cuidando niños... trabajos de apoyo a las tareas domésticas o incluso en cosas como el alterne o la prostitución. Ninguna de estas actividades tiene una tradición de contrato laboral, y por otra parte, a veces es difícil cumplir las condiciones para poder hacer un contrato laboral aún en los casos en los que las familias empleadoras estarían dispuestas. Esto hace que para las mujeres inmigrantes tener los papeles en regla sea mucho más difícil que para los hombres. El problema es que tratar igual a problemas diferentes puede implicar discriminación, entonces hay que tener cuidado porque cuando se habla de una legislación igualitaria, puede estar escondiendo consecuencias perversas.

El feminismo es un diálogo en construcción. ¿Cuáles serían los siguientes retos?

El tema de los cuidados es una de las reivindicaciones que se están haciendo en alguno de los ámbitos del feminismo. En alguna época se consideraba que lo correcto era liberarse de lo que podríamos llamar "la jaula doméstica" y moverse en el mundo de la competición. Esto no era una buena solución; los cuidados, las tareas domésticas son necesarias para la supervivencia, no son un elemento femenino en sí mismo, son tareas simplemente que nos corresponden a todos los adultos, todas las personas, hombres y mujeres, tenemos que ser capaces de valernos por nosotros mismos y de poder cuidar de los demás, es una parte del aprendizaje de la vida, y de ninguna manera es algo a desvalorizar. Tenemos que ver como aprendemos ya desde la infancia que somos personas y, que como personas, estamos comprometidas en la manutención de la vida social de la mejor manera posible. Debemos implicarnos en las tareas de generación de tejido social, las mujeres eso lo hemos tenido muy, muy claro, porque casi todo el mundo, en casi todas partes, continúa estando en manos de mujeres. 

Creo que el feminismo en general va por el buen camino, lo que es importante es que a través de las nuevas propuestas no se generen dogmas. Lo más peligroso que le puede pasar a un movimiento es creer que tiene las verdades porque a partir de esto se crean las herejías, la caza de brujas, de disidentes, aquellas que no se adecúan, o que se desvían. No. Las mujeres somos múltiples, somos la mitad de la humanidad, hay cabida para una gran cantidad de propuestas, de experiencias, de logros, de conocimientos, de reivindicaciones. Algunas coinciden, otras no, pero forman un mosaico muy complejo que hay que reconocer como tal y no tratar de uniformizar a partir de nuestra visión occidental, blanca, de clase media, porque si no caeremos en prácticas neocoloniales y discriminatorias.

El diálogo no implica de ninguna manera un todo vale, es decir, lo que yo estoy diciendo es que cualquier grupo humano está cruzado por contradicciones internas y que las personas que están discriminadas saben cuáles son los elementos que más les duele y están desarrollando algunas estrategias para superarlo, no se trata de dialogar con los sectores dominantes de cada grupo, se trata de dialogar precisamente con los sectores que padecen algún tipo de discriminación, y las mujeres suelen padecer discriminación en muchos grupos humanos. Así que se trata de dialogar, ver qué tipo de soluciones plantean para los problemas. Veremos respuestas originales y creativas, con implicaciones profundas, prácticas con valor humano. Hay una gran cantidad de elementos que nos pueden enriquecer a todas. En lugar de estar preguntándonos continuamente en qué se equivocan estas mujeres, lo que les tendríamos que hacer es preguntar cómo están solucionando los problemas y qué podemos aprender de ellas.


FUENTE: ITZIAR PEQUEÑO | PERIÓDICO DIAGONAL